
The Box no es un edificio de nueva planta, sino un apéndice a una vieja nave industrial. La fuerza de la obra proviene de su plasticidad, de la fluencia de sus formas y de su movimiento implícito. Moss no construye espacios, propone sensaciones y experimenta con secuencias de imágenes. Las formas de su arquitectura son improbables porque son apuestas y aventuras geométricas.