



Cuenca, en la actual Castilla-La Mancha (España), fue construida hacia el año 800 (por los árabes) como ciudad fortificada, aprovechando las condiciones geográficas defensivas de las hoces (los cañones) de los ríos Huécar y Jucar. Los cristianos, con Alfonso VIII y las Órdenes Militares de Santiago y Calatrava, ponen cerco a la ciudad en el día de la Epifanía del Señor de 1177, y toman la alcazaba y el castillo diez meses después, tras el abandono musulmán de la ciudad. Alfonso X el Sabio le concedió título de Ciudad. Anton van der Wyngaerde, conocido en España como Antonio de las Viñas, fue un dibujante paisajista flamenco del siglo XVI, que recorrió España a partir de 1561, dibujando una colección de 62 vistas, detalladas y meticulosas, de pueblos y ciudades, por encargo de Felipe II, a cuyo servicio estaba desde 1557. Hacia 1762 realizó sendas vistas de Cuenca, desde el Este y el Oeste. Fue uno de los más “avanzados” paisajistas de su época, en el sentido de administrar recursos ilusivos poderosamente naturalistas, al punto que, comparadas con los dibujos de Anton van der Wyngaerde, las vistas del célebre y contemporáneo Civitates Orbis Terrarum (de Braum-Hogenberg, dibujadas por Joris Hoefnagel) eran francamente inferiores y deficientes. Tal vez ese haya sido el motivo por el cual, un atlas con las vistas de Wyngaerde no fue jamás publicado ante la posibilidad de dejar casi en ridículo al Civitates [cfr. KAGAN, Richard L. (dir.) (1986) Ciudades del Siglo de Oro: las vistas españolas de Anton Van der Wyngaerde, El Viso.].
Vivimos durante “el milenio” (1998-2001) en la ciudad de Cuenca. Aún hoy, desde lo lejos, desde la Universidad (al oeste) o trepando El Socorro (al este), la vista de la ciudad se asemeja sustantivamente a lo visto y dibujado por Viñas. Todos estos, motivos suficiente para dibujar.