Nuestra primer visita al paraiso de Nono, traslasierra en Córdoba. Un paisaje con miles tonos de verde, atravesado por un rio zigzageante, con aguas mansas y arenas amarillas. Cientos de rincones para compartir unos mates metiendo las patas en el agua clara, viendo los niños correr pateando el agua, y de fondo el cuchicheo cuereador de las comadres Nancy, Natalia y Flavia, que siempre culmina con una risa fresca y divertida.
Y en ese paraiso un pequeño reducto que te permite conocer la quietud de la calma, el interior de la pausa necesaria y refrescante. Un lugar para compartir con seres queridos, compartir un buen vino con un matambre a la pizza con queso azul en manos de Marcelo Podestá, o una punta de espalda a la llama con un toque de jarilla con el cuidado de Marcos Bonisolo, o uno tacos pergeniados por mi esposa Flavia.
Un pequeño grupo de cabañas rústicas parecen detener el tiempo, ese tiempo del que nunca disponemos para compartir sin presiones de tardanzas y sin mas obligaciones que la de dejarse llevar por la circunstancias.
Ese mismo tiempo que parece una variable indeterminada e imperceptible para los asistentes al Bar de la esquina mas retratada del pueblo de Nono, allí donde el tiempo se mide en puntos para la "falta envido" o en vasos vacios pero plenos de existencia. Que lindo poder disfrutar de una vida donde haya que vivir nada mas que "vivir". Solo se trata de decidirse! Que asi sea!